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Vicky Transcript English

[116] Los Sres. Cairns y Brown sí prepararon el comité judicial del 30 de enero de 1990, no como un asunto de intereses personales sino en el curso de sus deberes como ancianos de congregación para poder tratar con las transgresiones de un congregante. Mientras sus acciones han sido perjudiciales para la deman dan te, no puede decirse que ellos actuaron con malicia o mala fe. Ellos creyeron que estaban haciendo lo correcto y no ignoraron los intereses de la deman dan te. Por ejemplo, en la segunda reunión, aunque ellos repasaron las alegaciones de abuso con la deman dan te, no le exigieron que llevara a cabo ese ejercicio con su padre presente. Igualmente el personal de las oficinas principales aconsejando a los ancianos locales no hizo nada que pudiera caracterizarse como desleal o de mala fe. Por ende, no encuentro ninguna desavenencia del deber fiduciario como resultado de la reunión del 30 de enero de 1990.

 

[117] El Sr. Cairns y el Sr. Brown no fueron responsables de esparcir rumores sobre la deman dan te en la comunidad. Ellos mantuvieron la confidencialidad de la información que ellos recibieron. Al punto que hubo problemas entre los ancianos, no hay ninguna evidencia que ciertamente indique ya sea que el Sr. Cairns o el Sr. Brown consideraran que la señora Bóer fuera de forma alguna responsable por eso, no hay ninguna evidencia de que ellos le comunicaran tal punto a otros. No hay ninguna evidencia que ellos eludieran a la deman dan te ni que ellos instruyeran a otros para que lo hicieran. Por consiguiente, aun cuando la percepción de otros dentro de la congregación fuera como la señora Bóer describe (qué tampoco lo ha probado), no hay base alguna para echarle la culpa de eso a los pies de estos demandados. La percepción de la señora Bóer es que el comité judicial fue demasiado indulgente con su padre y que esto le dañó a ella su reputación en la comunidad. Yo no comentaré en cuanto a sí el comité judicial tomó la decisión correcta acerca de la categoría del pecado cometido, ni la magnitud del arrepentimiento del Sr. Palmer y si las sanciones fueron apropiadas por su mal espiritual. Ésas son cuestiones fuera de la esfera de esta corte. Sin embargo encuentro como hecho que ninguno de las personas demandadas estuvo motivado por cualquier infortunio hacia la deman dan te prejuiciado a favor de su padre. Ellos actuaron sincera y honestamente llevando a cabo sus tareas como ancianos de la congregación. No hubo ningún elemento de mala fe. No hubo ninguna desavenencia del deber fiduciario.

[118] Por ende, el resultado de la causan de acción, por la deman dan te en cuanto a una desavenencia del deber fiduciario no procede.

J. NEGLIGENCIA

 

[119] La deman dan te también hace una demanda por negligencia. Para poder establecer una causa de acción, ella debe mostrar (i) que los demandados le debían un deber de cuidado (ii) que los demandados incumplieron con ese deber de cuidado; (iii) que era bastante previsible que ella sufriría daños como resultado y (iv) que ella de hecho sufrió daños.

 

(i) Posición de las Partes

 

[120] La deman dan te argumenta que ella dependía de los distintos demandados esto debido a su educación dentro de los Testigos de Jehová y que ellos sabían que ella sentiría que no tendía ninguna alternativa sino seguir sus directrices. Ella reclama que los demandados fueron negligentes dirigiéndola a que confrontara a su padre y deberían haber sabido que ella sufriría daños psicológicos debido a ese proceso. Ella adicionalmente argumenta que el manejo de la conducta de su padre por los demandados dentro de la congregación fue negligente y que esto le causó daños adicionales.

[121] Los demandados se sostienen en la constitucionalmente libertad atrincherada de la religión en la cual ellos sostienen les impide imputarles alguna responsabilidad civil a los ancianos quienes han aplicado sus creencias religiosas de acuerdo a sus conciencias. Ellos niegan la existencia de cualquier deber de cuidado en el curso de dar consejería pastoral. También señalan el hecho que Vicky Bóer era una adulta cuando ella escogió participar voluntariamente del proceso de la organización. Los demandados añaden el argumento que su única responsabilidad era proporcionarle guía espiritual y que las cortes no deben intervenir en asuntos que involucran principios teológicos y en las imposiciones de las sanciones religiosas por la organización. Sucesivamente, los demandados someten que sus acciones no cayeron bajo la norma aplicable de un cuidado y qué, en todo caso, no causaron daños.

 

(ii) La Aproximación Americana: Ningún Agravio por Negligencia Contra el Clero

 

[122] Los demandados se fían en una línea de casos en el cual las cortes americanas se han negado a reconocer un agravio por negligencia contra el clero. Las leyes de los casos americanos fluyen de la interpretación judicial de la Primera Enmienda de la Constitución de los Estados Unidos cual proporcionan, en parte qué: “el congreso no hará ninguna ley respecto al establecimiento de una religión o prohibirá el ejercicio libre de ellas.” Estas dos cláusulas son conocidas como la Cláusula del Establecimiento y la Cláusula del Ejercicio Libre. Las cortes americanas han sostenido que la Cláusula del Establecimiento prohíbe todas las formas de acción gubernamental, incluyendo ambas, las leyes estatutarias y acciones por la corte. Cualquier actividad gubernamental o judicial que creara una pugna excesiva con una religión va en colisión contra la Cláusula del Establecimiento. De este modo las cortes han sostenido que una reclamación de un agravio civil contra los clérigos que le exigen a las cortes rectificar e interpretar las políticas de las leyes eclesiásticas o practicadas en la determinación de una demanda están impedidas por la Primera Enmienda bajo la Doctrina de Envolvimiento. El caso Franco contra la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días 21 Pág. 3ra. 198 (Utah 2001) en la Pág. 203.

 

[123] Los casos que involucran alegaciones por negligencia contra el clero llevando a cabo sus deberes pastorales han sido uniformemente desestimados como que constituyen una violación de la Cláusula del Establecimiento bajo la Primera Enmienda. Las cortes han razonado que determinar la naturaleza y magnitud de las normas del cuidado a ser impuestas sobre un miembro del clero le exigirían a las cortes deliberar en un nivel de pericia donde normalmente se requiere que sea otro miembro similar a esa profesión. De acuerdo a la Corte Suprema de Utah en el caso Franco supra en el párrafo 23:

Esto envolvería las cortes estableciendo un entrenamiento en destrezas y normas aplicables para los miembros del clero en este estado en una diversidad de religiones que ampliamente profesan diferentes creencias. Esto es tan imposible como lo es inconstitucional; hacer esto criaría un excesivo envolvimiento gubernamental con la religión en violación a la Cláusula del Establecimiento.

 

[124] En el caso Franco , una niña de siete años de edad fue abusada sexualmente por un miembro de su comunidad religiosa de catorce años de edad. Ella reprimió sus recuerdos, descubriéndolos por primera vez cuando ella tenía catorce años de edad. Ella y sus padres se acercaron al obispo y al presidente de su iglesia quien les aconsejó que perdonaran, se olvidaran y buscaran una reparación. Ellos pidieron un referido para un profesional de salud mental licenciado, pero en cambio los refirieron a alguien que ellos luego supieron que no estaba licenciado. La familia buscó la ayuda entonces de un profesional secular cualificado quien informó del abuso a la policía. Como resultado, la familia Franco fue condenada al ostracismo por esa comunidad religiosa. Los Francos demandaron por mala práctica al clero, negligencia crasa, imposición negligente de dolor emocional, desavenencia del deber fiduciario y fraude. Todos los cargos fueron sumariamente desestimadas. Con respecto al supuesto maltrato por los oficiales de la iglesia bajo el contexto de una relación de consejería eclesiástica, la Corte Suprema sostuvo en la Pág. 205 que todos éstos estaban relacionados al supuesto maltrato por oficiales de la iglesia y por consiguiente eran meramente una “forma indirecta de alegar negligencia por el clero” lo cual está vedado por la Primera Enmienda.

 

[125] En el caso Pritzlaff contra la Archidiócesis de Milwaukee 194 Wis. 2do. 302; 533 N. W. 2dd 78 (1995) la Corte Suprema de Wisconsin desestimó las demandas de una deman dan te que había sido violada sexualmente por un sacerdote cuando ella era una estudiante de la escuela superior. La demanda contra la iglesia estuvo basada en la alegada negligencia al contratar, entrenar, y la supervisión de un sacerdote que era un pedófilo. La Corte Suprema sostuvo en la Pág. 236 que la Primera Enmienda le impide a una corte inquirir sobre lo que cualifica a uno para ser un sacerdote católico siendo que “tal determinación requeriría la interpretación de los cánones y las políticas y prácticas internas de la iglesia.”

 

[126] En el caso Schmidt contra El Obispado , 779 f Supp 32,1 (1991), la deman dan te demandó la Iglesia presbiteriana y a uno de sus pastores a quienes sus padres la habían enviado para recibir consejería emocional, espiritual, y familiar cuando ella tenía doce años de edad. Durante el curso de las secciones el pastor abusó de ella sexualmente. La Corte de Distrito de los Estados Unidos para el Distrito Del Sur de Nueva York encontró que estos hechos sustentarían una acción por agresión o cualquier otro ultraje intencional. Sin embargo, el período de limitación para tal acción había expirado. La corte desestimó la demanda de los deman dan tes basadas en negligencia y desavenencia del deber fiduciario contra el pastor y la iglesia debido a la dificultad articulando la trascendencia del deber debido o la norma de cuidado sin entrar en filosofías religiosas o enseñanzas eclesiásticas. La corte dijo que pudieran sostenérseles a miembros del clero e iglesias responsables por negligencia que surgiera fuera de los deberes pastorales, por ejemplo, manejando el domingo la guagua de la iglesia, pero la corte sostuvo que proporcionar consejería a un miembro de la congregación es parte normal de las actividades religiosas de un pastor y la Primera Enmienda excluye responsabilizarlo por negligencia.

 

[127] Los demandados en el caso ante mí, se amparan en la decisión de la Corte Suprema Judicial en Maine, en el caso Bryan R. contra la Sociedad de Biblia y Tratados Watch Tower de Nueva York (1999) M.E. 144. Cuando el deman dan te Bryan R. era un adolescente él fue abusado por un miembro adulto de la congregación de los Testigos de Jehová, Baker el acusado. Algunos años antes Baker había abusado de otro niño en esa comunidad. Para ese tiempo, él fue disciplinado por los ancianos por sus fechorías, pero después le fue permitido reasumir sus actividades como un miembro regular dentro de la congregación. Bryan alegó que la organización y los ancianos fueron responsables ante él por negligencia y desavenencia del deber fiduciario, argumentando sobre la manera como los ancianos trataron con las transgresiones anteriores de Baker y el fracaso de los ancianos al no advertirle sobre Baker, esto hizo posible que Baker obtuviera la confianza del deman dan te y le dio la oportunidad para que éste abusara de él. La petición del deman dan te contra la organización y los ancianos fueron desestimada. La corte sostuvo que no había un deber de proteger a los miembros de la congregación del mal de otros. Además, cualquier esfuerzo para sostener a la iglesia responsable requeriría una directa investigación sobre las sanciones religiosas, disciplinas, y condiciones de redención o perdón que estuviesen disponibles dentro de la iglesia en el contexto de ésta demanda, una investigación que requeriría una investigación secular de materias que casi todas en su naturaleza son eclesiásticas. Bryan R. en el párrafo 27-28.

 

[128] El único caso estadounidense que se me ha referido, qué ha reconocido una causa de acción por negligencia contra un miembro del clero es el de Berry contra la Sociedad de Biblia y Tratados Watch Tower de Nueva York (1999) M.E. 144, se trata de una decisión de la Corte Suprema en New Hampshire (Distrito Del Sur) publicada el 6 de febrero de 2003 y traída a mi atención por el abogado de la deman dan te mientras mi decisión sobre este caso todavía estaba pendiente. La deman dan te en el caso Berry fue física y sexualmente abusada por su padrastro para los años 1980 cuando ella estaba entre los tres y nueve años de edad. La familia pertenecía a la organización de los Testigos de Jehová. La madre de la deman dan te les dijo por lo menos en diez ocasiones a los ancianos de su congregación que su esposo estaba abusando de sus niños. Los ancianos le dijeron a la madre que no le dijera nada a nadie sobre el abuso o se enfrentaría a una potencial expulsión (excomulgarla de la fe). Para ese tiempo había un requisito bajo la ley estatal de New Hampshire de informar sobre casos que fueran sospechosos de abuso de menores. La deman dan te demandó la Watch Tower bajo varias causas de acciones incluyendo una demanda por negligencia. Los demandados radicaron una moción para una desestimación del juicio, contendiendo que su motivación religiosa para no informar de acuerdo con las leyes estatutarias, los ubicaba por encima del reproche civil en virtud a la Cláusula del Ejercicio Libre en la Primera Enmienda.

[129] La Corte Suprema de New Hampshire sostuvo que el derecho del ejercicio libre religioso no opera para exonerar a un individuo por éste no cumplir su obligación de obedecer leyes neutrales aplicadas en general. Por consiguiente los demandados no pueden amparase bajo sus puntos de vistas religiosos para excusarse por fallar al no cumplir con el deber aplicable en los estatutos de notificar el abuso de un menor. En adición, tratando con la parte por negligencia en el caso de la deman dan te, la corte encontró que los ancianos le debían un deber de cuidado aun en ausencia del privilegio de confidencialidad. Groff J. sostuvo (en la Pág. 12):

 

En este caso, la madre de la deman dan te buscó el asesoramiento y consejos de los ancianos con respecto al abuso sexual de sus niños por su esposo, un miembro de la congregación. El sobre abrumador riesgo de daños contra la deman dan te de un abuso continuo por su padre y la magnitud de ese daño potencial sobre ella necesariamente debió haberse detenido y debió haberse percibido por cualquier persona que fuera razonable. Esto califica la conducta de los ancianos como irrazonablemente peligrosa en vista de las consecuencias horrendas contra la deman dan te al ellos no tomar los pasos para informar el abuso ni aconsejar correctamente la madre de la deman dan te.

La prevención de abuso sexual contra niños es uno de los deberes más grandes de la sociedad. En este caso, la imposición de tal deber sobre los demandados era una obligación diminuta. La obligación requiere sólo darle consejos al miembro de la iglesia utilizando el sentido común y notificar el abuso a las au tori dades. Claramente la importancia social de proteger a la deman dan te del continuo brutal abuso sexual por su padre pesa más que la importancia de inmunizar a los demandados de la responsabilidad de sus obligaciones. La corte encuentra que los demandados le debieron un deber de cuidado a la deman dan te a pesar de la ausencia del privilegio de confidencialidad entre ellos. Por consiguiente, la radicación de una moción para desestimación de juicio contra los deman dan tes en la acción por negligencia queda DENEGADA . (Énfasis agregado.)

 

[130] La corte en el caso Berry brevemente se refirió a la decisión del caso Bryan R. pero lo distinguió en sus hechos. Con respecto a la decisión del caso Berry me parece a mí que está en oposición con la abrumadora tendencia en los Estados Unidos que es negarse a considerar cualquier causa de acción que involucra imponerle un deber de cuidado a un miembro del clero comprometido en cualquier forma de conducta pastoral, incluyendo la consejería a los miembros de la congregación. También noto que la decisión de la corte en el caso Berry me parece que está basada en una consideración de la Cláusula del Ejercicio Libre, mientras que la mayoría de los otros casos a los que he sido dirigido se basaron en la Cláusula de Establecimiento. Dado los hechos extremos en el caso Berry , en particular la clara desavenencia del requisito estatutario de notificar, no veo el caso Berry como una au tori dad que derribe las leyes estadounidenses ya antes establecidas. Conforme a esto, concluyo que si la señora Bóer hubiese llevado a cabo su acción legal en los Estados Unidos, probablemente basado en estos casos estaría sujeto a una determinación de no a lugar.

 

(iii) La Aproximación Canadiense: Balanceando la Libertad Religiosa Contra los Derechos de Otros

 

[131] Así como en los Estados Unidos, hay una fuerte tradición en la ley canadiense de proteger el derecho fundamental de todas las personas a la libertad de religión y conciencia. Se garantiza la libertad religiosa específicamente bajo la Carta Constitucional de Derechos y Libertades , la discriminación en base a una religión se prohíbe bajo la sec. 15 de la Carta Constitucional, así como bajo la legislación de los derechos humanos en todas las provincias y en otros numerosos estatutos.

[132] Acepto la posición de los demandados que la protección de la libertad de religión es un factor importante a ser considerado en este caso. También acepto que las cortes generalmente deben ser renuentes interviniendo en materias, que sean completamente espirituales, particularmente donde se involucra la disciplina de la iglesia en uno de sus miembros. Tradicionalmente, las cortes se han negado a permitir que su proceso sea usado en vigor a un decreto que sea completamente eclesiástico o una orden, ejerciendo sólo la jurisdicción civil donde alguna propiedad o derecho civil en consecuencia sea afectado: Casos de, La Iglesia Ortodoxa Griega Ucraniana de Canadá contra La Catedral Ortodoxa Griega Ucraniana de Sta. María la Protectora [1940] S.C.R. 586; Colonia Lakeside de la Hermandad Hutterian contra Hofer, [1992] 3 S.C.R. 165.

 

[133] Sin embargo, las cortes canadienses han sostenido que esa libertad religiosa no es absoluta. Donde el ejercicio de creencias religiosas afecta los derechos de otros adversamente, las cortes pueden e intervendrán. El caso R. contra. Big M Drug Mart Ltd [1985] 1 S.C.R. 295, P. (D) contra S. (C) [1993] 4 S.C.R. 141; Young contra Young [1993] 4 S.C.R. 3; B (R) contra la Sociedad de Bienestar de Niños de Toronto Metropolitano [1995] 1 S.C.R. 315.

 

[134] Obviamente hay muchas similitudes entre el derecho de libertad de religión en los Estados Unidos y el derecho de libertad religiosa envuelta en la Constitución canadiense. Sin embargo, el lenguaje Constitucional no es idéntico y no necesariamente se sigue el mismo análisis legal. Particularmente, las leyes de los casos estadounidenses aplicando la interpretación de la Cláusula del Establecimiento no son directamente aplicables en el contexto canadiense. A mí no se me ha referido, ni estoy consciente de, algún caso canadiense donde se ha considerado el deber de cuidado que se espera de un miembro del clero en circunstancias similares al caso ante mí. No obstante, las cortes canadienses no han sido renuentes encontrando una relación fiduciaria entre un ministro o sacerdote y un miembro de congregación, siempre y cuando las pruebas usuales para la existencia de tal sean reunidas. Por el hecho que la relación se haya ventilado en una escena religiosa no se ha visto como una alegación para imponer un deber fiduciario de cuidado. Caso Deiwick contra Frid (1991) O.J. No. 1803 (Gen. Div.); W. K. contra Pornbacher (1997) B.C.J. No. 57 (B.C.S.C.) 

 

[135] De forma similar, el mero hecho que una relación entre el deman dan te y el demandado se lleve a cabo en un contexto religioso no es una excepción peren tori a para una causa de acción por negligencia. El caso W. K. contra Pornbacher, supra; M.T. v. Poirier [1994] O.J. No. 1046 (Gen. Div.); F.S.M. contra Clarke [1999] 11 W.W.R. 301 (B.C.S.C.); W.R.B. contra Plint [2001] B.C.J. No. 1446 (S.C.)

 

[136] La Corte Suprema de Canadá de forma consistente ha dictaminado que no puede usarse esa libertad religiosa para escudar una conducta que le haga daños a los demás. En B (R) contra la Sociedad de Bienestar de Niños, supra . La Corte Suprema de Canadá sostuvo las decisiones judiciales de un tribunal de menor jerarquía que le daba au tori dad a la Sociedad de Bienestar de Niños para consentir el uso de transfusión de sangre para un niño después que sus padres se rehusaron a darle tal tratamiento porque era contrario a sus creencias religiosas ya que eran Testigos de Jehová. Iacobucci y Major, J.J. en una opinión concurriendo escribió sobre ese caso en el párrafo. 226:

 

Así como hay límites en el ámbito de libertad de expresión (por ejemplo s 2 (b) no protege los actos violentos: R. contra Zundel (1992) 2 S.C.R. 731, en Págs. 753 y 801; R. contra Keegstra , [1990] 3 S.C.R. 69,7 en Págs. 732 y 830), así también hay límites en la escala sec. 2 (a), especialmente cuando se solicita esta provisión para proteger de actividades que amenazan física o psicológicamente el bienestar de los demás. En otras palabras, aunque la libertad de creencia puede ser amplia, la libertad para actuar en esas creencias es considerablemente angosta, y aquí en este caso se trata de la última parte bajo esa libertad. El hecho qué la “libertad” no opera en un vacío fue recalcado por el juez Dickson. (cuando él estaba entonces) en su decisión seminal del caso R. contra Big M. Drug Mart Ltd. [1985] 1 S.C.R. 295 at p 337:

La libertad en un sentido amplio abraza ambos la ausencia de coerción y el constreñimiento, y el derecho para manifestar creencias y prácticas. Libertad significa que el contenido de tales limitaciones se hace necesario; para proteger la seguridad pública o la salud o la moral o los derechos fundamentales y las libertades de los demás, a nadie deberá forzarse a actuar en cierto modo que sea contrario a lo que él cree o su conciencia.

 

[137] De forma similar, la mayoría en el dictamen del caso de B (R) contra la Sociedad de Bienestar de Niños , adjudicada por el juez LaForest. proporciona en el párrafo 107:

Sin embargo, como la Corte de Apelaciones afirmó, la libertad de religión no es absoluta. Al mismo tiempo que es difícil concebir cualquier limitación en las creencias religiosas, lo mismo no puede decirse en cuanto a las prácticas religiosas, sobre todo cuando ellas impactan los derechos fundamentales y las libertades de otros. La Corte Suprema de los Estados Unidos ha llegado a una conclusión similar: vea caso Cantwell contra Connecticut 310 EE.UU. 296 (1940). En el caso R. contra Big M. Drug Mart Ltd , supra, ésta corte observó que esa libertad religiosa podría ser sujeta a que “tales limitaciones son necesarias para proteger la seguridad pública, el orden, la salud, la moralidad o los derechos fundamentales y las libertades de los demás.” Pág. 337.

 

[138] En el caso Young contra Young y P. (D.) contra S. (C). supra , la Corte Suprema de Canadá sostuvo que las actividades religiosas de un padre pueden ser restringidas por la corte cuando las actividades estén en contra de los mejores intereses del niño, sin que la restricción infrinja la libertad religiosa del padre. Como es señalado por McLachlin J. en el caso Young contra Young párrafo 218:

Está claro que una conducta que le propone riesgos de daños a un niño no será protegida. Como indicamos anteriormente, la expresión religiosa y los comentarios de un padre que se encuentran en violación a los mejores intereses de un niño lo hacen con frecuencia porque le propone un riesgo de daños al niño. En ese caso está claro que la garantía de la libertad religiosa no puede ofrecer ninguna protección.

 

[139] Los principales casos en esta área se han suscitado cuando se ha encontrado que los valores religiosos de los padres son dañinos para los niños. No obstante, no hay razón alguna para restringir los principios establecidos en estos casos a asuntos que involucran niños. Ambas leyes, estatutarias y las leyes de derechos consuetudinarios cuyo propósito es proteger los vulnerables no pueden violarse reclamando que la conducta qué ha sido perjudicial sobre la persona vulnerable se permite debido a las convicciones o las obligaciones religiosas del perpetrador. En situaciones extremas, tales restricciones de la libertad religiosa son necesarias para prevenir violencia contra otros a nombre de la religión. En adición, no puedo ver ninguna razón primordial para restringir la protección cuando se trata de agravios intencionales; deben tener la misma aplicación que las otras causas de acción como la negligencia. Por consiguiente, mi punto de partida es, que un agravio cometido por una persona en el curso de lo que él o ella sinceramente creen que es su deber religioso automáticamente no les escuda del escrutinio por las cortes basándose en el funcionamiento de la protección constitucional por la libertad de religión. Donde los derechos de un individuo están en conflicto con los derechos de la libertad religiosa de otros, las cortes pueden, y así lo harán, equipararán los derechos compitiendo considerando lo que es, si hay alguno, el remedio que sea apropiado.

 

[140] Esto no es para decir que las cortes tienen el derecho de desatender totalmente los problemas que incluyen la libertad religiosa en casos decisivos de esa naturaleza. Al contrario, los principios de la libertad religiosa serán integrales a tales decisiones. Sin embargo, el hecho que un principio de libertad religiosa pueda estar involucrado necesariamente no será una excepción peren tori a al derecho de un litigante de una compensación ante las cortes. La extensión en el cual los derechos del individuo tomen prioridad sobre los principios de la libertad religiosa dependerá de las circunstancias de cada caso. Como se demuestra por los casos que se me han referido anteriormente, las cortes normalmente favorecerán la salud y seguridad de los niños por encima de los valores religiosos de sus padres si sus prácticas religiosas son perjudiciales a sus hijos. Lo mismo se sustentará para otras personas vulnerables que sean perjudicadas como resultado de las creencias religiosas de otros. La libre determinación de un adulto competente para escoger su propia fe religiosa debe ser reconocida. Habiendo escogido una religión particular, o voluntariamente elegido seguir siendo miembro de ella, la persona luego no se escuchará quejándose que sufrió alguna forma de daños como resultado de la aplicación de los principios de esa fe. Igualmente, las materias que sean de naturaleza completamente internas tales como membresía o disciplina dentro de una congregación raramente si acaso estarían sujetas a una revisión por las cortes. En cada caso la corte debe considerar la naturaleza a tenor del principio religioso, el contexto en que se levanta, las circunstancias de la persona perjudicada, y la naturaleza de los daños en el curso de determinar si deben reconocerse los derechos del deman dan te a pesar del impacto en la libertad religiosa del demandado.

 

(iv) Análisis: Reunión del 29 de diciembre de 1989

 

(a) Causalidades

 

[141] Como hecho he encontrado que la deman dan te asistió a la reunión del 29 de diciembre de 1989 porque se le habían dicho por Sheldon Longworth que se le exigía confrontar a su padre con respecto a Mateo 18 15-18. También he encontrado que su asistencia a esa reunión fue una psicológicamente perjudicial para ella. De no ser por el consejo dado por el Sr. Longworth, ella no habría asistido. De este modo hay un eslabón casual directo entre el consejo dado por el Sr. Longworth y los daños sufridos por la deman dan te.

 

(b) El Deber de Cuidado

 

[142] Los demandados reconocen en sus sometimientos escritos que la prueba para determinar si un deber de cuidado existe en este tipo de situación involucra la aplicación de la regla clásica en el caso Donohue contra Stevenson . [1932] A.C. 532 (H.L.) en el 580. Estoy de acuerdo. Sin embargo, la prueba del caso Donohue contra Stevenson también debe ser considerada dentro de los principios discutidos en el caso Anns contra Merton London Borough Council [1978] S.V. 728 [1977]. Todo el E.R. 42 492 (H.L.) (“ Anns ”), como se ha aceptado por la Corte Suprema de Canadá en el caso de la Ciudad de Kamloops contra el Nielson et al (1984) 10 D.L.K. (4to) 641. En el 2001, la Corte Suprema de Canadá publicó dos decisiones que refinaron y clarificaron la aplicación para la prueba de anns. Cooper vs. Hobart (2001), 206 D.L.R. (4to ) 193, (“ Cooper ”); Edwards vs. Law Society of Upper Canada (2001) 206 D.L.R. (4 th ) 211 (“ Edwards ”). El acercamiento a ser aplicado se resume en el caso Edwards como sigue en los párrafos 9-10:

 

En la primera fase del caso de Anns , la pregunta es si las circunstancias revelan daños que sean suficientemente previsibles y la proximidad suficiente para establecer un deber á primera vista de cuidado. El enfoque en esta fase está en los factores que involucran la relación entre la deman dan te y los demandados, esto incluye todas las consideraciones de las políticas. El punto de partida en este análisis es para determinar si hay categorías análogas de casos en que esa intimidad se haya reconocido antes. Si no existe tal caso, la pregunta entonces se convierte en, si bajo estas circunstancias un nuevo deber de cuidado debe ser reconocido. La mera habilidad de predecir no es suficiente para establecer un deber de cuidado á primera vista. El deman dan te también debe mostrar alguna proximidad donde el demandado estuvo en relación cercana y directa a él o ella de tal manera que las circunstancias naturalmente impondrían un deber de cuidado.

 

Si el deman dan te tiene éxito en la primera fase de caso Anns de tal manera que un deber á primera vista se ha establecido (a pesar del hecho que el deber propuesto no cae dentro de la ya reconocida categoría de recobro), debe dirigirse a la segunda fase del caso Anns . Y la pregunta es, sí allí existen consideraciones de políticas residuales, que justifiquen negar la responsabilidad. Las consideraciones de las políticas residuales incluyen, entre otras cosas, el efecto de reconocer ese deber de cuidado en otras obligaciones legales, su impacto en el sistema legal y, en una consideración menos precisa pero importante, el efecto de imponer responsabilidad en la sociedad en general.

 

[143] La primera consideración es, si hay categorías análogas de casos dónde un deber de cuidado ha sido reconocido. Ciertamente han habido casos dónde una iglesia o un miembro del clero ha sido encontrado responsable por negligencia. Sin embargo, estos casos han tenido la tendencia a levantarse donde la iglesia ha sido conectada en alguna forma de abuso físico o sexual sufrido por el demandado, por ejemplo, no se ha tomado acción cuando el abuso de un niño se ha informado, se ha fallado al propiamente no supervisar o disciplinar el personal, o fallado al no tener medidas preventivas en su lugar para impedir oportunidades del abuso a menores; Caso F.S.M. contra Clarke supra ; W.K. contra Pornbacher supra; W.R.B. contra Plint supra; M. T. versus Poirier (1994) O.J. Núm. 1045 (Gen. Div.) No he sido referido ni estoy al tanto de algún caso donde un miembro del clero funcionando en una capacidad de consejería qué deba un deber fiduciario haya sido encontrado negligente. Sin embargo, hay un caso donde un ministro prestando consejería a una pareja fue encontrado que le debía un deber fiduciario a ellos (qué él quebrantó esa brecha teniendo una indiscreción sexual con la esposa). Caso Deiwick contra Frid supra. Hay también numerosos ejemplos de un deber de cuidado que se les aplica a otros tipos de consejeros, como los psicólogos o asistentes sociales. Bajo mi perspectiva, estas situaciones en el cual un deber de cuidado se ha encontrado son suficientemente similares para ser consideradas como análogas en el caso ante mí, de tal forma que puede decirse que un deber de cuidado se ha levantado aquí sin ir mas allá en el análisis del caso Anns . Sin embargo, siendo que no hay ningún caso que directamente se pueda señalar en caso de que yo pueda haber errado en algún aspecto de este caso, entonces sería apropiado considerar todos los aspectos del caso Anns antes de llegar a una conclusión final sobre si hay un deber de cuidado en este caso.

 

[144] La segunda parte de la primera fase del caso Anns involucra una consideración de proximidad y prever-habilidad para determinar si un nuevo deber de cuidado debe reconocerse. En el caso Cooper la Corte Suprema de Canadá notó (en el párrafo 31) que esa “proximidad” es un término usado para caracterizar el tipo de relación en el cual un deber de cuidado puede levantarse y que estas relaciones deben identificarse a través del uso de categorías. La categoría de relaciones en este caso sería la de un ministro proveyéndole consejería y asesoramiento a un miembro de su congregación que haya venido donde él en busca de ayuda.

 

[145] En el caso Cooper , la Corte Suprema citó favorablemente las palabras de su señoría Atkin quien observó en el caso Donohue contra Stevenson que esa proximidad se extiende “en unas relaciones tan directas y cercanas que el acto entablado cual afecta tan directamente a la persona, lo sabría la persona quien se alega estar ligada a ese deber de cuidado; quien por su acto de descuido afectó de forma directa.” En adición, su señoría Atkin sostuvo que se le debe un deber a las “personas quienes han sido tan cercana y directamente afectadas por mis actos que yo razonablemente debería tenerlos en contemplación por haber sido tan afectados cuando esté dirigiendo mi mente sobre estos actos y omisiones que se están teniendo al presente en cuenta”: Caso Cooper párrafo 32. La Corte Suprema de Canadá dijo del caso Cooper que las cortes deben observar factores tales como “las expectativas, la confianza, representaciones y la propiedad u otros intereses involucrados” evaluando la cercanía de la relación entre el deman dan te y el demandado y determinando si es “efectivamente justo” imponerle un deber de cuidado al demandado. Caso Cooper párrafo 34.

 

[146] Obviamente hay una relación cercana y directa entre un miembro del clero y un parroquiano quien va donde él a pedirle consejos. En esa situación el clérigo sabe que la persona que busca su consejo será afectada directamente por el consejo que él le proporcione. Proporcionando ese consejo, él claramente debe tener en sus contemplaciones al parroquiano como una persona que será afectada por el consejo que él le dé. Dando consejería y proporcionando asesoramiento a los parroquianos es una parte de los deberes normales de un miembro del clero. En adición, los clérigos típicamente son considerados por los miembros de su congregación como que ellos están en un estado especial o posición de au tori dad. La relación es una de confianza. El clérigo sabe muy bien que los parroquianos van ha confiar en él. Sería razonable que el parroquiano espere que los miembros del clero ejercerán un grado razonable de cuidado cuando den sus consejos. Debido a la naturaleza de esta relación, ir donde un ministro para recibir consejería es fundamentalmente muy diferente de ir en busca de consejos donde sus amigos o familiares. Dado la relación directa, es fácilmente previsible los daños que pueden ocurrirle al parroquiano si el miembro del clero es negligente tratando con el asunto ante él. Mi percepción sobre esta situación es precisamente sobre el tipo de cercanía y la relación tan directa en la cual las cortes les han reconocido que sería efectivamente justo imponerle un deber de cuidado a la persona proporcionando asesoramiento. De modo que así se cumple la primera fase del caso Anns .

 

[147] Los demandados someten que el papel de los ancianos en el caso ante mí es muy semejante al de consejería pastoral referido en el caso F.S.M. contra Clarke [1999] 11 W.W.R. 301 (B.C.S.C.) y por consiguiente sugieren que no debe levantarse ningún deber de cuidado. En el caso F.S.M. contra Clarke, el juez Dillon J., le impuso una carga onerosa de cuidado a los demandados quienes eran de varias emanaciones de la Iglesia anglicana. El deman dan te se le había enviado a una escuela residencial para niños nativos cuando él era un niño y se había abusado sexualmente de él repetidamente por Clarke, su supervisor de dormi tori o, mientras estuvo allí. La escuela era operada por la Iglesia anglicana, y se describió en el párrafo 7 como una “institución religiosa llevada a cabo con precisión militar” y, en el párrafo 171, como un “ambiente anglicano penetrante y determinado, controlado por un administrador anglicano que también era un clérigo.” Bajo este contexto en el párrafo 173, Dillon J. le impuso un deber sobre la Iglesia anglicana para asegurar un ambiente moral apropiado y que se encargaran de corregir los daños morales conocidos que podrían sobrevenirle al deman dan te. A la Iglesia anglicana se le encontró responsable por fallar al no supervisar correctamente a su empleado Clarke, creando ellos así un ambiente donde Clarke podría abusar del deman dan te. Dillon J también encontró en el párrafo 182 que la Iglesia anglicana en adición cometió una infracción de su deber al “no investigar propiamente e informar el abuso sexual por Clarke después de que fue conocido directamente por ellos y fallar al no proporcionar ninguna consejería o ayuda de cuidado a F.S.M., después de su descubrimiento.” Dillon J. reconocido en el párrafo 173 qué “la potencial infracción de su deberes podrían ser irrazonablemente abrumadoras” pero los consideró apropiados cuando los vio “solamente dentro de los hechos de este caso que involucra el abuso sexual físico [sic].” La razón para tal infracción de un deber de cuidado fue debido a la naturaleza cerrada en la sociedad donde se levantó. Dillon J. afirmó en el párrafo 172:

 

Aquí no se trata de una simple situación de consejería pastoral como ocurre dentro de una parroquia. F.S.M. fue puesto con una finalidad determinada en este ambiente anglicano institucional sin acceso a influencia externa para efectuar su educación religiosa. Aquí no hay la distancia que se ve en los contactos regulares entre los parroquianos y el clérigo donde el parroquiano retorna a su hogar y a las influencias de los demás. Aquí los anglicanos emprendieron un papel para influir fundamentalmente en la vida de F.S.M., con la expectativa de obtener su obediencia ciega impuesta forzosamente mediante disciplina. Los anglicanos sabían que una dependencia emocional afloraría en los niños en la escuela a través de la intimidad y la perversidad de la relación que se estableció entre los niños y los adultos directamente responsables de su cuidado.

 

[148] No veo el caso F.S.M contra Clarke como una au tori dad para la proposición qué, en una relación de consejería entre un clérigo y congregante no puede haber ningún deber de cuidado. Al contrario, el caso confirma que si un deber de cuidado se levanta dependerá en si el caso definido de Donohue contra Stevenson se ha aglutinado. Distinguiendo una situación de consejería pastoral en una favorablemente regimentada escuela residencial, la corte en el caso de F.S.M contra Clarke trataba sobre el nivel del deber de cuidado a ser impuesto, y no si había en lo absoluto algún deber de cuidado. Yo estoy de acuerdo con Dillon J. en ese caso que el grado de control y dominación ejercido por los demandados sobre el deman dan te es un hecho a tenerse en cuenta determinando la extensión del deber de cuidado que se les sostendrán a los demandados. Sin embargo la existencia de tal grado de control no es un requisito previo a la existencia de un deber de cuidado.

 

[149] Habiendo reconocido á primera vista un deber de cuidado en esta relación, la segunda fase del caso Anns le requiere a la corte considerar si hay consideraciones de políticas residuales aparte de la propia relación en sí, en la cual se justifique negar la existencia de un deber de cuidado. Tales consideraciones incluyen, pero no se limitan a, reconocer si el deber afectará otras obligaciones legales o el sistema legal en general ya sea reconociendo que el deber de cuidado levantaría el espectro de responsabilidad sobre una clase de personas indeterminadas. El caso Cooper en los párrafos 37-39.

[150] Los demandados argumentan que el interés social en la protección de la libertad religiosa es contrario a la imposición del deber de cuidado en ésta situación. Ellos en adición señalan la dificultad de imponer un deber de cuidado como éste aquí, pero las personas en esta religión tienen un conflicto de interés siendo que ellos están proporcionándole ayuda espiritual al Sr. Palmer, Vicky Bóer y a la congregación en general.

[151] El hecho que un deber de cuidado o diferentes deberes pue dan debérseles a más de una persona al mismo tiempo bajo mi percepción no es base en lo absoluto para negar la existencia de algún deber de cuidado. Los deberes compitiendo en un demandado pueden descomponer en factores el modelo de cuidado a ser impuestos o pueden tenerse en cuenta determinando si ha habido una desavenencia del deber de cuidado. Sin embargo, yo no veo esto como una razón política cual nos compele a negar cualquier deber de cuidado.

 

[152] Como ya he declarado (en los párrafos 131 a 140 arriba), la protección de la libertad religiosa no implica negar alguna causa de acción por negligencia contra una iglesia o un miembro del clero. Pueden tenerse en cuenta los principios de la libertad religiosa determinándose, en base de caso-en-caso, qué estándar de cuidado debe imponerse, o si hay algún remedio disponible. No obstante, las creencias religiosas no deben ser una defensa en lo absoluto para conducir algo que sea perjudicial para los demás. Las implicaciones de negar cualquier causa de acción que se levanta debido a los consejos negligentes dados por un oficial de la iglesia podrían ser enormes. Podría proporcionar una inmunidad completa para un mal potencialmente serio para el cual no pueda haber ningún otro remedio.

[153] Imponer un deber de cuidado bajo las circunstancias ante mí no abriría las compuertas de responsabilidad a una clase indeterminada de diferentes personas de lo que sería imponerle un deber de cuidado entre médico y paciente o una relación entre abogado y cliente. Ésta es una relación específica y directa entre el clero y un miembro de congregación que busca asesoramiento.

[154] Tampoco veo ningún impedimento para no reconocer un deber de cuidado debido a los problemas dentro del propio sistema legal. Reconozco las dificultades indicadas por las cortes americanas definiendo una norma de cuidado en casos que involucran negligencia por los oficiales de las iglesias. Sin embargo, no lo veo como una razón para negar totalmente la existencia de un deber de cuidado. Se acude a las cortes para determinar los estándares de cuidado en muchas situaciones complejas, por ejemplo, el estándar de cuidado para un neurocirujano en un hospital de Medicina Instruccional en un centro urbano grande, o para un practicante de la medicina familiar en un área remota. El juez que hace tales decisiones no está entrometiendo en la medicina o está imponiendo la voluntad de la corte en los asuntos médicos. Si no que las partes exponen la evidencia por expertos sobre qué es un cuidado normal y el juez decide la norma apropiada basándose en el peso de la evidencia. Aunque llegar a tal conclusión en un caso religioso no faltan sus dificultades, yo no lo veo como una separación significativa de otros casos rutinarios ante las cortes.

 

[155] Tampoco considero más allá de la habilidad de la corte determinar si una enseñanza en particular o un principio dogmático es verdadero de una religión en particular. Se acude de igual modo frecuentemente a las cortes y tribunales para hacer determinaciones en casos de discriminación como casos laborales, y acciones por despidos injustos dónde hay cierto curso particular de conducta o se dice que la decisión para contratar a alguien requiere que sea de la misma religión del patrono o empleados.

[156] Por consiguiente concluyo que no hay ninguna razón política en general para negar el deber á primera vista de cuidado surgido en una situación dónde un miembro del clero está proporcionando asistencia y consejería a un miembro de su congregación. El caso Anns queda completado. El próximo paso es determinar si ese deber de cuidado se sometió en el caso ante mí.

[157] En la fe de los Testigos de Jehová hay aún una relación de más dependencia entre los miembros de las congregaciones y sus líderes, de lo que hay en la mayoría de los casos de otras religiones. Para los miembros de los Testigos de Jehová, su religión es de una influencia penetrante y dominante en sus vidas cotidianas. El contacto social con otros fuera de su fe se prohíbe y se les requiere someterse a las instrucciones de los ancianos. Aunque la relación entre la señora Bóer y los ancianos de su congregación realmente no involucró el mismo grado de control y dependencia como los descritos por la corte en el caso F.S.M contra Clarke , tampoco se trató de una relación de simple consejería entre un ministro y un parroquiano, dónde el parroquiano retorna a su hogar a la influencia de su familia y de los demás. Muchos de los aspectos de dependencia notados por el juez Dillon en el caso F.S.M contra Clarke también estuvieron presentes aquí, por ejemplo, una sociedad hermética y aislada de las influencias externas, la naturaleza penetrante de una influencia religiosa, y el requisito de obedecer ciegamente. Fue dentro de este contexto que la relación entre la deman dan te y los demandados se levantó. Vicky Bóer fue donde Sheldon Longworth porque ella tenía problemas y necesitaba consejería. Ella apenas lo conocía. Ella lo consultó solamente en su capacidad de anciano de su fe. Ella fue criada en su fe instruyéndosele que pusiera toda su confianza en los ancianos. La obediencia era un requisito. Bajo el conocimiento de los ancianos y la Watch Tower, ella dependió totalmente de los consejos que le fueron dados a ella y sentía que no tenía ninguna otra opción sino cumplir. El Sr. Longworth estaba totalmente consciente de su estado emocional y vulnerabilidad. Él también estuvo consciente que ella se oponía a una confrontación con su padre cual él le aconsejó y se le requirió en esta situación. Hubo una relación muy cercana y directa entre los ancianos y la deman dan te, bajo el cual había todas las expectativas que ella se sometería y seguiría los consejos que le dieran a ella. En adición, debido a su estado emocional, era fácilmente previsible que el curso de acción recomendado con toda probabilidad le causaría más daños emocionales a la deman dan te, el mismo tipo de daños que le ocurrió. Bajo estas circunstancias encuentro que un deber de cuidado afloró del mismo modo entre los ancianos y la deman dan te.

 

(c) Libertad Religiosa del Demandado y la Libre Decisión del Deman dan te

 

[158] Los demandados sostienen que la deman dan te era una adulta para diciembre del 1989, cuando ella fue voluntariamente donde los ancianos en busca de su intervención. Ella quería que los ancianos estuvieran conscientes del pecado de su padre y quería que ellos trataran con el asunto dentro de los principios de la fe de los Testigos de Jehová. Ellos argumentan, que siendo que ella vino a la congregación en búsqueda de una solución religiosa ella no puede echarles la culpa a los ancianos de la congregación por tratar el asunto como es requerido por su fe. Ellos señalan que ella no fue obligada a asistir a la reunión del 29 de diciembre; más bien, ella escogió asistir libremente.

[159] Hay dos dificultades que son fundamentales dentro del análisis de los demandados. Primero, el asunto no se trató como es requerido por su religión. Por la evidencia en el juicio es claro que Mateo 18 no tiene ninguna aplicación y no hay ningún requisito en la fe de los Testigos de Jehová que la víctima de abuso sexual debe confrontar al abusador y debe darle una oportunidad para arrepentirse. Segundo, en todas estas circunstancias no veo la asistencia de la deman dan te asistiendo a esa reunión como un ejercicio libremente de su parte. Yo trataré con ambos puntos con más detalle.

 

[160] Primero que nada, hay un mérito considerable en el argumento que si una adulta competente no está de acuerdo con la posición de su religión en un tema, ella tiene dos opciones: (I) ella puede escoger seguir las enseñanzas de su iglesia porque ella desea sobre todo seguir siendo miembro de la fe; o (ii) ella puede dejar la religión. Habiendo escogido libremente quedarse en la religión y aceptar sus principios, ella luego no puede quejarse de que ha sufrido daños como resultado de su propia decisión. ¿Pero puede decirse que una persona es responsable por sus propios daños al escoger libremente seguir su fe, cuándo de hecho el daño que sostuvo no se requería por esa fe? Una ilustración como ejemplo. Suponga que una miembro de la fe de los Testigos de Jehová está considerando tener cirugía y le pregunta a un anciano de los Testigos de Jehová si se permiten tener transfusiones de sangre. Y con precisión, le dicen, que esto no se permite dentro de la fe de los Testigos de Jehová. Habiendo considerado el asunto, ella decide no tener una transfusión y como resultado sostiene daños. Ella ha ejercido su libre decisión, decidiendo seguir las enseñanzas de su religión en lugar del consejo médico.

Luego, suponga que una miembro de la Iglesia anglicana se enfrenta con la misma cirugía y le pregunta a su ministro si se les permite a los anglicanos tener transfusiones de sangre. De hecho no hay nada en la fe anglicana que prohíba las transfusiones de sangre. Sin embargo, el ministro le da una información incorrecta a su parroquiana y le dice que las transfusiones sangre se le prohíben a los anglicanos. En lugar de ella dejar su religión y confiando en el consejo de su ministro elige no tener la transfusión y sufre daños. ¿Puede decirse que ésta segunda mujer ha ejercido la libre decisión de la misma manera que la primera? Yo pienso que no. La fuente de daños de la segunda mujer no fue por su decisión de seguir las enseñanzas de su religión sino por su confianza en el asesoramiento incorrecto que le dio su ministro.

 

[161] La deman dan te en el caso ante mí está en la misma posición que la segunda mujer en mi ejemplo. Vicky Bóer creyó que ella estaba obligada a que se aplicara Mateo 18 en esta situación. Le fue dicho esto por el Sr. Longworth a quien ella se había tornado en busca de ayuda y consejo. No está totalmente claro si el Sr. Longworth no entendió bien el consejo que él recibió de la oficina de la sede central, o si el consejo dado por la oficina de la sede precisamente le dijo al Sr. Longworth lo que él le llevó a la deman dan te. Lo que sí está claro es que el consejo que él le dio a la deman dan te estuvo equivocado. Por consiguiente fue el consejo incorrecto que causó que la deman dan te asistiera a esa reunión, no fue que ella escogió asistir libremente siguiendo los principios de su religión. Los daños que ella sostuvo provinieron de su confianza en el asesoramiento incorrecto provisto por la Watch Tower a través del Sr. Longworth. No fueron causados por algún requisito real de su religión. Irónicamente, se enfocaron tan extensivamente en los principios de la libertad religiosa, que en los hechos reales del caso no hubo ningún tema envuelto en cuanto al problema de la libertad religiosa. Todo eso fue un error.

 

[162] La segunda dificultad que tengo con la posición de los demandados es que sólo es válida si la decisión de la deman dan te para asistir a la reunión del 29 de diciembre de 1989 fue verdaderamente un ejercicio libre de su voluntad. La deman dan te dice que la obligaron a que asistiera a la reunión de los ancianos mientras que los demandados dicen que ella escogió asistir. Bajo mi punto de vista esta situación es una directamente análoga con una la cual la defensa de consentimiento se mantiene.

 

[163] En diciembre de 1989, Vicky Bóer era una persona adulta mentalmente competente legalmente capaz de hacer sus propias decisiones. En ausencia de factores que tradicionalmente se ven como un consentimiento viciado (tales como forzar, amenazar por la fuerza, o fraude), se presume que ella asistió a la reunión del 29 de diciembre como un ejercicio de autonomía y de libre voluntad. Sin embargo, analizando si hubo un consentimiento genuino de su parte no termina allí. Para determinar si el consentimiento es genuino, uno también tiene que considerar la relación de poder entre las partes y en particular si una parte tenía el poder para dominar e influir al otro. Norberg contra Wynrib [1992] 2 S.C.R. 226 a pp 246-261.

 

[164] En el caso Norberg contra Wynrib el demandado fue el doctor de la deman dan te. El Dr. Wynrib estaba consciente que su paciente era una adicta a las drogas. Él le ofreció continuar prescribiéndole esas drogas a ella a cambio de favores sexuales. Al principio, ella se negó. Sin embargo, después de que sus otras fuentes para obtener las drogas se agotaron, ella retornó al Dr. Wynrib y accedió a su proposición. Después de varios años ella demandó al Dr. Wynrib, afirmando, entre otras cosas, acometimiento y agresión y desavenencia del deber fiduciario. El Dr. Wynrib argumentó que la señorita Norberg había consentido a tener la actividad sexual. En la Corte Suprema de Canadá, un panel de seis jueces todos deliberaron a favor de la señorita Norberg por diferentes razones. Dos de los seis jueces (McLachlin y L' Heureux-Dube) decidieron que el caso se basaba en desavenencia del deber fiduciario sin referencia al tema de la defensa de consentimiento o acometimiento y agresión. De los cuatro jueces que quedaron, tres jueces (LaForest, Gonthier y Cory) sostuvieron que la conducta del Dr. Wynrib constituyó acometimiento. Reflejando sobre la defensa de consentimiento en las circunstancias el sexto juez, Sopinka, se unió a favor de la señorita Norberg basándose en violación de las estipulaciones. El juez Sopinka consideró la demanda por acometimiento y agresión pero estuvo bajo la percepción que en los hechos la defensa tratando con el consentimiento se había establecido. Así que tres de los cuatro jueces tratando con el problema encontraron que no hubo consentimiento alguno.

 

[165] El juez LaForest deliberó sobre el juicio de los tres jueces cuya decisión se basó en acometimiento y agresión. Primero él notó, en la Pág. 247 que la presunción de la voluntad individual y autonomía es “insostenible bajo ciertas circunstancias”. En particular, “una posición de relativa debilidad” puede interferir con una libre decisión. Por consiguiente él concluyó que: “Nuestra noción de consentimiento debe modificarse para apreciar la relación de au tori dad entre las partes”. Habiendo considerado los paralelos entre este acercamiento para consentir y el concepto de la injusticia en la violación de las estipulaciones sobre la ley de contrato, LaForest declaró, en la Pág. 250:

Puede argumentarse que una transacción injusta no vicia el consentimiento de los hechos: la parte más débil retiene el poder para dar realmente el consentimiento pero la ley no obstante proporciona un remedio basándose en la política social. De igual forma, en ciertas situaciones, los principios de la política pública negarán la efectividad legal de consentimiento en el contexto de un ataque sexual. En particular, en ciertas circunstancias, el consentimiento será considerado legalmente ineficaz si puede demostrarse que había una disparidad en las posiciones relativas de las partes, que la parte más débil no estaban en una posición para escoger libremente. (Énfasis agregado.)

 

[166] El juez LaFoarest continuó considerando el impacto de las relaciones especiales, concluyendo que las relaciones dónde una de las partes tiene poder y au tori dad sobre la otra lo más probable es que atraigan un escrutinio para determinar si el consentimiento fue algo genuino por la parte débil. Él concluyó que ese consentimiento para tener una relación sexual en tales circunstancias es substancialmente muy sospechoso, refiriéndose entonces a un artículo por la Profesora Phyllis Coleman en la Pág. 255 como sigue:

La habilidad de dominar e influir no se limita a la influencia entre el estudiante y el maestro. La Profesora Coleman detalla varias situaciones que ella las llama relaciones bajo el “poder de dependencia”: vea a Coleman en: “ Sex in Power Dependency Relationships: Taking Unfair Advantage of the Fair Sex ” [Sexo bajo Relaciones el Poder de una Dependencia: Val iéndose de la Ventaja Injusta del Sexo Oportuno] (1998), 53 Alb.L.Rev .95. En estas relaciones se incluyen padre e hijos, psicoterapeutas y pacientes, médicos y pacientes, clérigos y penitentes, profesores y estudiante, abogado y clientes, y los patronos y empleados. (Énfasis agregado).  

 

[167] Aplicando estos principios a la situación entre la señorita Norberg y el Dr. Wynrib, los tres jueces de la mayoría en cuanto a este problema sostuvieron que ella no había consentido libremente esa actividad sexual. Llegando a esa conclusión, en la Pág. 257, LaForest J señaló la “marcada desigualdad del poder con respecto a las partes”, el hecho de que la señorita Norberg era una mujer joven con una educación limitada, el hecho que de su necesidad por las drogas la puso en una posición vulnerable, y el hecho que esta vulnerabilidad era conocida por el Dr. Wynrib y se aprovechó de ella.

[168] El juez Sopinka difirió de las conclusiones alcanzadas por sus tres jueces compañeros y se hubiese sujetado al hecho que la señorita Norberg había consentido a tener la actividad sexual involucrada. Él estuvo de acuerdo que al determinar la existencia de los factores que tienden a negar el consentimiento, es necesario tomar un “acercamiento sensitivo contextual”. Esto, declaró él, que debe hacerse bajo una base de caso-por-caso en lugar de establecer categorías de relaciones donde el consentimiento de una conducta sexual raramente se aceptaría como una genuina. Sin embargo, él declaró en la Pág. 304: “ciertas relaciones, especialmente aquéllas donde hay significativa inestabilidad de poder o aquello donde se involucra un grado alto de confianza y confidencia, pueden requerir los verdaderos hechos para tener un cuidado particular evaluando la realidad del consentimiento.”

[169] Antes de retornar a la aplicación de estos principios en el caso ante mí, es oportuno considerar las observaciones del juez en el caso F.M.S. contra Clarke, supra , en particular la cita que ya he citado anteriormente en el párrafo [149]. El juez Dillon estaba tratando en este punto con la envergadura al deber de cuidado a ser impuesto. Sin embargo, el punto hecho haciendo igual la aplicación a una consideración de la relación entre las partes en el curso de decidir si hubo un ejercicio de libre voluntad. El juez Dillon notó la diferencia que hay entre una situación de “simple consejería pastoral como ocurre dentro de una parroquia”, y una sociedad totalmente hermética donde la influencia religiosa es “penetrante” y una “obediencia ciega” se espera de sus miembros. Estos son contrastes útiles que deben tenerse en mente al considerar la situación de Vicky Bóer y los ancianos en su fe.

 

[170] En mi opinión, el poder de dependencia envuelto en la relación entre Vicky Bóer y los ancianos en la fe de los Testigos de Jehová en 1989 era de tal modo que no puede decirse que ella ejerció su libre voluntad respecto a las directrices dadas por los ancianos. Aunque ella era legalmente mayor de edad, habiendo cumplido los diecinueve años en noviembre de 1989, Vicky Bóer era una mujer joven ingenua y poco sofisticada quien había llevado una vida protegida hasta ese punto. Además, tenía una vida dominada por las influencias de la fe de los Testigos de Jehová. Le habían prohibido desarrollar relaciones con cualquiera afuera de esa fe y había sido entrenada para obedecer a los ancianos sin cuestionar nada. Hasta unos meses antes, ella había vivido en su hogar con su familia en un ambiente rígidamente religioso y dentro de una pequeña comunidad donde todo en su vida se centró alrededor de su religión. Rehusarse a no seguir las directrices de los ancianos no era una opción si ella deseaba permanecer dentro de su religión; también abandonar su religión constituiría abandonar sus familiares, amigos y la comunidad en un momento de su vida cuando ella estaba emocionalmente dependiente y frágil. En este tiempo desobedecer los ancianos era algo literalmente inconcebible para la deman dan te.

[171] Como ya he señalado anteriormente, la relación entre la señora Bóer y los ancianos de los Testigos de Jehová no era tan dependiente como lo fue en el caso de los niños en la escuela residencial en el caso F.S.M contra Clarke, supra. Sin embargo era más cercana a lo que sería una clase de sociedad cerrada en la situación tradicional donde un parroquiano tiene contacto regular con una persona de su clero pero en cierto momento retorna a su hogar y a la influencia de los demás. Eso se debe a la naturaleza penetrante en la presencia de la religión de los Testigos de Jehová en las vidas cotidianas de sus seguidores y al específico requisito religioso de ser obedientes, también a las directrices para evitar tener conductas mun dan as y la interacción social fuera de su fe.

 

[172] La dependencia de la deman dan te y su ineficacia se desarrolló como resultado directo de las enseñanzas de la demandada Watch Tower. Ella fue criada dentro de esa fe para aceptar la lo que le dijeran los ancianos sin cuestionar nada. El pensar independiente no está permitido. Ella fue enseñada a no confiar en nadie fuera de su fe y ella siguió esas directrices. De modo que cuando sus patrones notaron sus ansiedades en diciembre de 1989 y le preguntaron si ellos podían ayudarla, ella despreció sus esfuerzos, insistiendo que sólo alguien dentro de su religión podía ayudarla. Por consiguiente, los ancianos no sólo estaban conscientes de su dependencia y vulnerabilidad, sino que ellos fueron los responsables de esto.  

 

[173] En mi apreciación percibo un paralelo directo entre la relación del doctor y la paciente en el caso Norberg contra Wynrib, supra, con relación entre los ancianos de los Testigos de Jehová y la señora Bóer. Ciertamente la conducta del Dr. Wynrib es más reprochable que lo que hicieron los demandados aquí, no obstante no hay un elemento de explotación de una relación para tomar ventaja personal como la del Dr. Wynrib en este caso. Por otro lado, el grado de control que pudieron ejercer los ancianos de los Testigos de Jehová sobre la señora Bóer, si algo, fue más inculcado y penetrante que en el caso del Dr. Wynrib. En ambos casos la parte poderosa estaba consciente de la dependencia y del envolvimiento en su continuidad: la parte de los Testigos de Jehová debido a su sistema de creencias religiosas y la del Dr. Wynrib porque él no tomó ningún paso para curar la adicción de su paciente.

 

[174] Los demandados llamaron como evidencia en este punto al Dr. Daniel Silver, un psiquiatra que examinó la deman dan te bajo la mediación del abogado de los demandados. Él testificó que la deman dan te a la edad de diecinueve años no era ni sumisa ni pasiva. Más bien, él la describió como de fuerte carácter y rebelde. Por mis conclusiones anteriores sobre la relación de la deman dan te entre los Testigos de Jehová, lo que prosigue es que yo no acepto la evidencia del Dr. Silver sobre este punto. La opinión del Dr. Silver estuvo basada en lo que él pensaba que fue la conducta de la deman dan te para ese tiempo. Sin embargo, los casos de una conducta rebelde que él notó fueron en todas sus casualidades las que ocurrieron después de la fecha de febrero de 1990, después del tiempo que ella empezó a sentirse abandonada y maltratada por su propia religión. Él también estuvo bajo la impresión incorrecta que las tensiones entre la señora Bóer y la organización habían estado ocurriendo durante algún tiempo antes de diciembre de 1989. Nadie de los que conocían a la señorita Bóer para la fecha de diciembre de 1989, la describió como una rebelde. Aquéllos que la conocieron, incluyendo algunos de los demandados, la describieron como una comprometida con su religión y como una joven callada, algo tímida. La opinión del Dr. Silver que la deman dan te no fue obligada a participar en las dos reuniones sino que ella escogió hacerlo está basado en una percepción suya equivocada de los hechos y por consiguiente no encuentro que sea persuasivo.

 

[175] Por ende concluyo que sostener responsables a los demandados de un deber de cuidado en esta situación no interfiere con su libertad religiosa. En adición, cuando asistió a la reunión del 29 de diciembre de 1989, la deman dan te no estaba verdaderamente ejerciendo su libre voluntad siguiendo su religión y por consiguiente, no se niega la afirmación de ésta causa de acción.

 

(d) Cuidado Estándar y Desavenencia

 

[176] No hubo ninguna evidencia de un estándar particular de cuidado aplicable a los ancianos en la fe de los Testigos de Jehová en esta comunidad en el momento pertinente. Estoy de acuerdo con el sometimiento de los demandados que el estándar de cuidado aplicable a los psiquiatras, psicólogos, o asistentes sociales no es el estándar apropiado a usarse para medir la conducta contra los ancianos. En ausencia de evidencia específica acerca del estándar, entonces es apropiado aplicar un estándar general de cuidado por negligencia, que se usaría contra razonablemente contra una persona bajo estas mismas circunstancias. Los ancianos en esta situación en particular no tenían ninguna especialización que tratara con menores víctimas de abuso sexual. No puede esperarse que ellos estuviesen familiarizados con literatura de cómo ocuparse de un hallazgo de abuso contra víctimas vulnerables. Sin embargo, se esperaría como un asunto de conocimiento general que cualquier persona en la comunidad para el año 1989, se esperaría que los demandados deberían saber que ser una víctima de abuso sexual es algo traumático y para cualquier víctima ir donde el que abusó de ella y delante de todos confrontarlo con esta situación sería algo difícil emocionalmente. Era bien previsible que tal confrontación iba a ser emocionalmente perjudicial para la deman dan te.

 

[177] Los ancianos que estuvieron particularmente involucrados aconsejando la señora Bóer tenían información específica sobre sus circunstancias emocionales. Ellos sabían que ella ya estaba empezando a tener problemas emocionales debido al abuso de su padre y ellos sabían esto, porque ella específicamente se los dijo, que ella se sentía aterrorizada sobre tener que confrontar a su padre de la manera que ellos le indicaron. Con ese conocimiento ya presente, y conscientes que ellos no tenían pericia alguna, era de incumbencia a los ancianos de hacerles preguntas a un profesional acerca de cómo el daño potencial que sufrió la deman dan te pudiera minimizarse, o mejor como remediarla completamente. En mi opinión fallar al no tomar esta precaución que era muy básica es una desavenencia del cuidado estándar. En adición, los ancianos en Toronto por lo menos pudieron advertirle a los ancianos en Shelburne la naturaleza de la situación y la vulnerabilidad de la señora Bóer para que un esfuerzo pudiera hacerse para así minimizar los riesgos de daño sufridos por la deman dan te. En cambio ellos no tomaron ningún paso en lo absoluto para hablar con sus colegas de Shelburne, con el resultado que los Sres. Cairns y Brown llegaron ciegos a esa reunión, desprevenido de lo que se discutiría y sin premeditar las dificultades emocionales de la deman dan te. Nuevamente, bajo mi punto de vista, esto se cae por debajo de la norma que es la apropiada de cuidado. Si los ancianos de Shelburne hubieran estado conscientes de la situación, es probable que ellos habrían escuchado a la deman dan te con su padre ausente así como ellos lo hubiesen hecho en la reunión del 31 de enero de 1990. En adición, darle el consejo respecto a Mateo 18 fue algo incorrecto, hubo una buena oportunidad para evitar todo esto si hubiese habido buena comunicación entre los dos grupos de ancianos.

 

[178] Por ende encuentro que la deman dan te fue obligada a pasar por la experiencia difícil y traumática de confrontar a su padre sobre su pasado abuso sexual delante de su padre y dos ancianos de esa comunidad. Aunque la deman dan te sabía que esta confrontación sería perjudicial para ella, ella sentía que no tenía ninguna otra opción sino solo cumplir. En adición, debido a su educación religiosa y los requisitos de su religión, ella estaba impotente y dependiente de los ancianos. A ella no puede considerársele como haber escogido asistir por su propia libre voluntad a la reunión. Ella asistió a la reunión debido al consejo incorrecto que le fue dado por los ancianos de Toronto acerca de los requisitos de su fe. En adición, aunque los ancianos de Toronto estaban conscientes que ésta experiencia probablemente sería traumática para ella, ellos no tomaron pasos razonables para evitar ese daño, por ejemplo buscar asesoramiento con un especialista competente o, por lo menos, aconsejar a los ancianos en Shelburne de la situación que ellos estarían enfrentándose. Si ellos hubieran tomado estos pasos razonables, el daño a la deman dan te que surgió en la reunión del 29 de diciembre 1989 probablemente se habría evitado. Por lo tanto, encuentro que se establecen los elementos requerido para entablar una causa de acción por negligencia. La siguiente pregunta es, cuáles, si algunos, de los demandados son responsables de los daños y perjuicios que se levantan por negligencia causada contra la deman dan te por asistir a la reunión del 29 de diciembre de 1989.

 

(e) Demandados Individuales

 

[179] Los demandados Steve Brown y Brian Cairns estaban completamente desprevenidos de lo que estaba sucediendo el 29 de diciembre de 1989 antes de la reunión y realmente escuchar al Sr. Palmer y a la deman dan te. Ellos escucharon a los miembros de la familia presentes, hicieron algunas preguntas para estar satisfechos que los niños más pequeños no estaban en peligro, y le dijeron a los Palmer que ellos volverían luego con una decisión. Ni el Sr. Brown ni el Sr. Cairns fueron responsables de planificar la reunión. Ellos no tenían conocimiento que Mateo 18 estaba siendo aplicado. La deman dan te no les dijo a ellos que no quería estar allí, ni se los pidió, ni intentó salir. Bajo estas circunstancias ni el Sr. Brown ni el Sr. Cairns son responsables de algún daño sufrido por la deman dan te como resultado de la reunión. Ya he determinado que no hay ninguna obligación de responsabilidad a levantarse por sus conductas subsiguientes a la reunión del 29 de diciembre.

 

[180] John Didur es un demandado personal. Él testificó en el juicio que Mateo 18: 15-18 no tenía ninguna aplicación en este tipo de situación y que él nunca le habría dicho esto a Sheldon Longworth. Las notas del Sr. Longworth de una de sus conversaciones con el Sr. Didur indican que el Sr. Didur le dijo que Mateo 18 era aplicable. También está claro por sus notas que el Sr. Longworth habló con otros consejeros en la oficina de la sede central y que por lo menos otro anciano le dijo que aplicara a Mateo 18. Los recuerdos específicos del Sr. Longworth no son fiables sobre cuál de los ancianos le indicó tal consejo, esto él lo reconoció cándidamente durante su testimonio. Es posible que el Sr. Didur le diera tal consejo, esto sin tener totalmente en cuenta todas las circunstancias en el trasfondo. También es posible que el Sr. Longworth estuviera confuso sobre los consejos que le dijo el Sr. Didur, o que él erróneamente anotara que la discusión que tuvo fue con el Sr. Didur cuando de hecho pudo haber sido con otra persona. Encontré que el Sr. Didur fue un testigo convincente. Yo no puedo decir en una ponderación de probabilidades que él fue quién le dijo al Sr. Longworth que aplicara a Mateo 18: 15-18. Por consiguiente él no es personalmente responsable por los daños y perjuicios sufridos por la deman dan te respecto a la reunión del 29 de diciembre de 1989.

(f) La Sociedad de Biblia Y Tratados Watchtower de Canadá

 

[181] Sheldon Longworth no se nombra como un demandado personal. Sin embargo, la Sra. Bóer contactó al Sr. Longworth en su capacidad como anciano de congregación. El Sr. Longworth consultó a lo largo de todo esto con los líderes consejeros en las oficinas de la sede central de los Testigos de Jehová y le pasó esos consejos a la deman dan te. Él actuó en todo momento como un agente de la demandada Watch Tower. La demandada Watch Tower no buscó distanciarse de la conducta de Longworth ni los demás ancianos quienes le proporcionaron consejos a la señora Bóer en Toronto, ni refutaron alguna responsabilidad por las acciones de ellos. Aunque la declaración en la demanda pudiera ser más clara sobre este punto, creo que una lectura justa del peticionario y los subsecuentes detalles entregados, hay una alegación que la Watch Tower es responsable por los daños sufridos por la deman dan te como resultado de las directrices que le fueron dadas a ella aplicando a Mateo 18:15-18. Por ende encuentro que la demandada Sociedad de Biblia Y Tratados Watchtower de Canadá es responsable ante la deman dan te por los daños que ella sostuvo como resultado de asistir a la reunión del 29 de diciembre de 1989.

 

(v) Análisis: Reunión del Comité Judicial, del 31 de enero de 1990

 

[182] La reunión del comité judicial, del 31 de enero de 1990 fue convocada para considerar las sanciones apropiadas, si alguna, a ser impuestas sobre el Sr. Palmer por sus transgresiones. La decisión acerca de si el comité era apropiado no es algo que esta corte debe intervenir. Esto es semejante a una función casi-judicial. Ningún deber de cuidado se le debe a la señora Bóer en conexión con la decisión en sí. Sin embargo, la manera como se condujo la reunión podría fijar potencialmente un deber de cuidado siendo que la Señorita Bóer estaba directamente envuelta y habían las expectativas razonables de parte de los tres miembros del comité de que ella encontraría difícil emocionalmente la reunión. Sin embargo, mi percepción es que los tres miembros del comité actuaron razonablemente de la forma que ellos dirigieron la reunión del comité judicial. Ellos tuvieron cuidado de asegurarse que la deman dan te se sintiera atendida y que a ella se le creía, y ellos se reunieron separadamente con la deman dan te para escuchar su his tori a para evitarle tener la dificultad de relatar los detalles delante de su padre. No encuentro ninguna desavenencia de algún deber o; de cuidado por los demandados en relación con la reunión del comité judicial y por esto no se considerará levantar responsabilidad contra los demandados sobre esto.

 

(vi) Análisis: Manejo por la congregación del Abuso por el Sr. Palmer y Eventos Después de enero de 1990

 

[183] Habiendo escuchado los detalles de la conducta del Sr. Palmer y la consideración de las Escrituras aplicables, los tres ancianos que constituyeron el comité judicial qué habían sido nombrados para considerar el asunto, tomaron una decisión acerca de lo que ellos pensaron que serían las sanciones apropiadas. Para llegar a esa decisión ellos consideraron y aplicaron lo que creyeron que eran los principios de su fe. No hay ninguna evidencia de que cualquiera de los demandados le comunicara las circunstancias de la situación impropiamente a otros. Ellos no tomaron ningún paso directamente contra la deman dan te y no fueron directa o indirectamente responsables por los chismes surgidos en la comunidad o por lo que se percibió, o que realmente fue una rehuída hacia la deman dan te por los miembros de la congregación. La disciplina por una iglesia sobre uno de sus miembros es un área en que las cortes son muy renuentes a interferir. Particularmente cuando se trata de un caso como éste donde la deman dan te aquí no era a la que se estaba disciplinando y alega sólo daños indirectos. En mi opinión ni los ancianos ni la iglesia le debían un deber de cuidado a la deman dan te bajo estas circunstancias. La naturaleza de la disciplina a ser impuesta sobre el Sr. Palmer era una cuestión puramente entre los oficiales de la congregación y el Sr. Palmer. La deman dan te no tenía ninguna relación formal entre las partes y no se le debió ese deber. En adición, no hubo ninguna expectativa razonable que ella sería perjudicada por cualquier sanción impuesta sobre el Sr. Palmer. Aun si hubiese un deber que se le debiera, no hubo ninguna desavenencia de parte de ninguno de los demandados que pudiera decirse que le causó daños a la señora Bóer. Por consiguiente, no cae responsabilidad alguna sobre ninguno de los demandados por cualquier cosa que sucediera después de la reunión del comité judicial el 31 de enero de 1990.

 

K. DAÑOS Y PERJUICIOS

 

[184] Lo que sigue, por lo anterior, que los únicos daños sufridos por la deman dan te por el cual algún demandado se le hace responsable por estos daños que se sustentan bajo la ley son los que surgieron debido a su participación en la reunión del 29 de diciembre de 1989. El único demandado responsable por los daños y perjuicios es la Sociedad de Biblia Y Tratados Watchtower de Canadá. La pregunta final a ser determinada es la cuantía de daños y perjuicios sufridos por la deman dan te.

[185] La deman dan te dependió de la evidencia del Dr. George Awad, un psiquiatra. Él no es el psiquiatra tratándola pero examinó a la deman dan te por petición de su abogado para propósitos de esta litigación. El Dr. Awad testificó que la señora Bóer padece de un desorden de ansiedad generalizado, que le durará mucho tiempo y requerirá muchos años de psicoterapia para tratarlo. Él notó que ella tiene muchos de los síntomas que sufren los sobrevivientes de abuso sexual infantil y está de acuerdo que muchas de las raíces de los síntomas surgen directamente debido al trauma de ser violada sexualmente por su padre. No obstante, el Dr. Awad puso gran énfasis en la manera como los ancianos de los Testigos de Jehová manejaron la situación una vez el abuso se les informó a ellos. Él los describió a ellos desde el principio como unos “insensibles” y dijo que la manera como la congregación se ocupó del asunto fue el factor que paralizó su recuperación del trauma inicial del abuso de su padre. En adición, él específicamente se refirió al requisito que ella tenía que confrontar a su padre delante de los ancianos y la obligación forzada de repetir su his tori a y dijo que esto se exacerbó peor aún que el mismo trauma del abuso sexual original con todos sus efectos severos.

 

[186] La deman dan te también sometió como evidencia los informes de varios profesionales de la salud quienes la habían examinado para darle tratamiento por breves períodos durante los años intermedios. Éstos incluyó una carta de una página de un consejero, Russell Scott quien vio a la señora Bóer durante una sesión de 1 ½ hora de consejería en octubre de 1997. En la carta del Sr. Scott se confirmó sus consejos a la señora Bóer que algunas de sus dificultades “pueden relacionarse al hecho que ella fue criada en un ambiente tipo culto” el Sr. Scott afirmó que la estrategia de exigirle a la entonces señorita Bóer confrontar a su padre delante de los ancianos le causó daños adicionales emocionales y fue algo re-traumático. La Dr. Helene Daigle, una psicóloga que vio a la deman dan te para tratamiento en enero de 1998, la describió como padeciendo de síntomas de “ansiedad excesiva, falta de confianza en otros y en sí misma y confusa”. Ella declaró que la señora Bóer se habría beneficiado consiguiendo ayuda profesional cuando ella reveló el abuso y esto le habría evitado años de culpas excesivas, miedos, y confusión.  

 

[187] El diagnóstico de las dificultades psicológicas actuales sobre la deman dan te por el experto de la defensa, el Dr. Silver, son notablemente similares en muchos respectos a las opiniones de los expertos traídos por la deman dan te. Él estuvo de acuerdo que ella padece de ansiedad y muchos síntomas de tensión postraumática. Él fue más lejos en su punto de vista, diciendo que ella lucha con un desorden de personalidad que incluyó intentar evitar un abandono real o imaginario, las relaciones interpersonales difíciles, los sentimientos vacío, e impulsividad. Donde el Dr. Silver difirió significativamente con el Dr. Awad fue con respecto a la causa de las dificultades psicológicas de la deman dan te. Él aceptó que fue emocionalmente difícil para la deman dan te atravesar por la reunión del 29 de diciembre de 1989 y confrontar a su padre sobre el abuso. Sin embargo, en su opinión cuando la deman dan te fue más vulnerable del abuso sexual por su padre fue durante la edad de su adolescencia éste fue el evento causal más importante que la llevó a sus posteriores dificultades emocionales. El Dr. Silver también se refirió a otras fuentes de ansiedad de la deman dan te, como las relaciones románticas fallidas, sus dificultades con su madre, las dificultades que surgieron al separarse de su religión, y su soledad como una esposa joven y el ser una madre con su esposo lejos por largos períodos de tiempo. El Dr. Silver estuvo de acuerdo que el proceso de confrontar a su padre le causó a la deman dan te aflicción y ansiedad probablemente le re-evocó el trauma del abuso original. Sin embargo, él también testificó que la deman dan te era de carácter fuerte y que si ella encontrara repetir la experiencia de su his tori a como algo muy traumático, a ella no la hubiesen podido “arrastrar” a esa reunión. Él testificó que ella fue la que necesitó inconscientemente repetir el trauma abusivo original sufrido como resultado del abuso por su padre, repitiendo una y otra vez su his tori a. El Dr. Silver discrepó fuertemente con la opinión del Dr. Awad que el trauma de la confrontación en la reunión del 29 de diciembre de 1989 fue peor aún que el mismo trauma original del abuso sexual. El Dr. Silver testificó que el impacto de la confrontación fue negligente o insignificante comparándolo con el trauma horrendo del abuso sexual original. Él dijo que esto era como comparar un tumor maligno con un hervor benigno.

 

[188] El Dr. Silver testificó que la deman dan te parecía sentir mucha ira contra su padre lo cual él encontró ser algo entendible. Sin embargo, ella también demostró un deseo de conservar la buena imagen que percibía de sus padres. El Dr. Silver cree que la deman dan te transfirió la cólera contra su padre dirigiéndola contra la organización; que ella ha tenido una necesidad de dividir las cosas entre buenas y malas, percibiendo a sus padres como los buenos y a la organización como la mala.

[189] Como ya he indicado anteriormente (en el párrafo 174) yo no acepto la opinión del Dr. Silver con respecto a que la deman dan te era de carácter fuerte y rebelde en el 1989. Sus conclusiones al respecto están basadas en unos conceptos erróneos de la evidencia. Sus conclusiones llegan al grado de decir que el impacto traumático fue mínimo por la reunión del 29 de diciembre de 1989, esto se le atribuyen a su creencia que la deman dan te asistió a esa reunión de buena gana, sus opiniones deben observarse crítica y cuidadosamente. No obstante, encontré que la evidencia del Dr. Silver fue proporcional y reflexiva.

 

[190] La evidencia del Dr. Awad también debe ser considerada cuidadosamente porque se establece en las premisas bajo la exactitud de la evidencia de la deman dan te acerca de cómo los eventos de diciembre de 1989 y enero de 1990 transcurrieron. Como ya anteriormente he indicado, muchas de las creencias de la deman dan te son inexactas acerca de la manera como los ancianos la trataron. Entendiblemente el Dr. Awad aceptó la exactitud de los recuerdos de la deman dan te con el propósito de llegar a su opinión. La inexactitud de las anotaciones sobre los hechos en sus opiniones socava el peso de su seriedad. En adición, encontré al Dr. Awad ser casi un adversario al darle su apoyo a la causa de la deman dan te durante el curso de su testimonio. En su informe escrito que fue entregado en agosto de 1999, el Dr. Awad describió los ancianos como hostiles, insensible, temperamentales. Su informe reconoce el trauma del abuso original y su probabilidad que será de larga duración. Él describe la obligación forzada a repetir su his tori a durante la confrontación ser algo re-traumático y dice que “hizo la situación peor aún”. (Página 11) y que “la manera como este caso se manejó aumentó la angustia y los sufrimientos que la señora Bóer ya estaba experimentado”. (Página 12).

 

[191] Durante el juicio el Dr. Awad considerablemente fue aun más allá. Deponiendo el Dr. Awad declaró que la ansiedad actual de la señora Bóer proviene en parte del trauma más temprano debido al abuso sexual pero “principalmente” fue debido a la forma como los ancianos lo manejaron. En el contra interroga tori o, el Dr. Awad declaró en un momento dado que era dependiendo de “cómo cayera la moneda” sería de traumático, ya fuera el abuso sexual original ó la manera como se manejó por los ancianos, pero que si él tuviera que escoger él diría que la forma como la congregación manejó el asunto fue peor que el trauma original. Después él dijo que aunque la deman dan te estaba afligida por el abuso sexual, que él no estaba seguro que ella estaba perturbada psiquiátricamente por ello. Según él fue re-traumatizante los que hicieron los ancianos y lo que hizo el daño real.

 

[192] Como ya he indicado anteriormente hay dificultades con la evidencia de ambos expertos que testificaron. Sin embargo, encontré la evidencia del Dr. Silver a ser más equilibrada e imparcial que la del Dr. Awad. Acepto la opinión del Dr. Silver que el Dr. Awad falló al no darle peso suficiente al obvio trauma causado por el abuso sexual. La señora Bóer ya había empezado a experimentar síntomas perturbadores que provinieron del abuso por su padre incluso antes que los ancianos se involucraran. Muchos de sus síntomas posteriores en la vida claramente se relacionaron al abuso original; por ejemplo, preocupaciones bañando a sus niños y escuchar a su esposo respirando durante las noches y el tener escenas retrospectivas sobre el abuso de su padre. El largo término de los efectos traumáticos del abuso sexual está bien documentado y son bien conocidos. Al mismo tiempo que no dudo que la experiencia de tener que recontar los detalles del abuso delante de su padre fue algo traumático, sería estirar la imaginación sugerir que los efectos a largo término de tal confrontación son peores que el abuso sexual original.

 

[193] Acepto la evidencia del Dr. Silver que por mucho el factor más significante que contribuyó a las dificultades actuales de la deman dan te fue el abuso sexual por su padre. También acepto su opinión que el enfoque de la deman dan te sobre la organización como la fuente de sus problemas está probablemente basado en su necesidad de desplazar la ira contra sus padres. Es importante notar el papel de la madre de la deman dan te en todo esto. La deman dan te ciertamente fue traicionada por su padre. Sin embargo, su madre sospechaba que su marido estaba abusando de la deman dan te pero no dijo nada. Cuando la deman dan te acudió donde ella con esto ella intervino pero se encubrió el asunto y la señora Palmer le dijo a su hija que no fuera una tentación vistiendo delante de su padre provocativamente o en piyamas. La señora Palmer se enfadó con la deman dan te por esta plantear el asunto de nuevo en el 1989 cuando ella creía que ya todo había terminado. Después cuando la deman dan te se separó de la organización empezaron mas contiendas entre madre e hija y como la deman dan te vehementemente declaró en su evidencia que “Mi madre murió odiándome”. La señora Palmer escogió ser más leal a su fe que a su hija. Está claro por toda la evidencia que esta traición por su madre también ha sido un factor que contribuyó a las dificultades emocionales de la deman dan te.

 

[194] Esto dice, que yo creo que el Dr. Silver minimizó el impacto de la confrontación de la reunión. Acepto la evidencia del Dr. Awad que esto fue re-traumatizante. Yo no lo veo ser tan inconsecuente como el Dr. Silver lo describió. Creo que la confrontación fue extremadamente difícil para ese tiempo y probablemente hizo peores las cosas para la deman dan te por un período de tiempo después de esto. No obstante con, ó sin la reunión del 29 de diciembre de 1989 creo que la deman dan te habría estado ahora en el mismo estado perjudicial psicológico. Hubo muchos factores que componen la incapacidad de la deman dan te para recuperase totalmente del abuso sexual. Esos factores incluyeron la falta de apoyo por su familia, particularmente su madre, y el ambiente hermético en que ella fue criada. Sencillamente no es fácil para cualquier persona separarse de un grupo religioso que ha tenido una influencia tan penetrante en todos los aspectos de la vida de uno. Para una persona con las vulnerabilidades de la deman dan te y ya damnificada por el abuso sexual esa lucha sería aun más difícil. Reconozco que una magnitud de las dificultades de la deman dan te que se relacionan a las experiencias de su educación dentro de la fe de los Testigos de Jehová y los efectos a separase de esa fe. No obstante, ésas no son fuentes procesables de daños. La única causa de acción contra la organización está con respecto de su negligencia causando a la deman dan te asistir a la reunión del 29 de diciembre de 1989. En mi opinión esa sola sesión, tras que fue traumática, jugó sólo un papel menor pero creó la situación en que ahora la deman dan te se encuentra.

 

[195] Para el tiempo en que se levantó esta causa de acción, la deman dan te había sufrido ya los daños iniciales del abuso sexual y había estado padeciendo sus secuelas. Sus dificultades emocionales actuales que provinieron del abuso sexual habrían ocurrido de todos modos así como la mayoría de las otras dificultades que se levantaron al dejar la organización. En mi opinión, este caso se cae dentro de lo que se ha descrito como el “cráneo desmenuzando”: Athey contra Leanati , [1996] 3 S.C.R. 458; W.R.B. contra Plint (2001) 93 B.C.L.R. (3d) 228 (B.C.S.C.) S.F.P . contra Macdonald (1999) 234 A.R. 273 (Q.B.); Whitfield contra Calhoun (1999) 242 A.R. 201 (Q.B.).

 

[196] Por consiguiente, la Watch Tower no es responsable de todos los daños y perjuicios de los problemas psicológicos actuales de la deman dan te. En adición, la deman dan te habría requerido tratamiento psicológico para todas las otras fuentes de sus dificultades, en todo caso no veo que la secuela de la reunión del 29 de diciembre de 1989 requiera tratamiento adicional o más prolongado de lo que habría sido en este caso. Sin embargo, sí hubo daños psicológicos contra la deman dan te como resultado de la reunión del 29 de diciembre de 1989. Ella estaba en un estado muy vulnerable al momento cuando ella justamente empezó a tratar con los efectos del abuso de su padre. Acepto la evidencia de los diferentes expertos, incluyendo la del Dr. Awad, qué esta confrontación hizo las cosas peores para la deman dan te. Retrospectivamente no puedo decir cuánto tiempo estos efectos habrían durado. Ponerle precio a un daño psicológico siempre ha sido una tarea casi imposible de hacer y una que es arbitrariamente inherente. Estoy muy consiente del rango de daños y perjuicios que típicamente se les otorga a las víctimas de incesto severo sufrido durante su niñez y el ataque físico dónde el término a largo plazo de daños psicológicos significativamente incapacita más que en la situación presente de la deman dan te. Los daños y perjuicios en esos casos más horripilantes van desde $75,000.00 a $150,000.00. Tomando en cuenta todos estos factores justiprecio los daños y perjuicios generales sufridos por la deman dan te en este caso en $5,000.00.

 

[197] No hay base alguna en los hechos que apoye el resarcir por daños punitivos. La mayoría de las alegaciones contra los demandados no han sido establecidas en los hechos. Los demandados actuaron recíprocamente con la deman dan te no llevando animosidad contra ella. Ellos aceptaron la veracidad de su testimonio, y fueron cordiales en su situación, no intencionaron hacerle daño. La demanda por daños punitivos se desestima.

 

L. VEREDICTO Y CUANTÍA

 

[198] Como resultado se concederá una deliberación a favor de la deman dan te por la cantidad de $5,000.00 contra la demandada Sociedad de Biblia Y Tratados Watchtower de Canadá más los intereses sobre esto en los Hechos de la Corte de Justicia en la proporción al 28 de agosto de 1998. La acción contra los otros demandados se desestima. Si las partes no pueden llegar a un acuerdo sobre los costos pueden hablar conmigo.

 

Echo público, el 26 de junio de 2003

Juez Molloy

 

 

 

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